CELULITIS FACIAL
Puede
ser definida como infecciones del tejido celuloadiposo situado en intersticios
aponeuróticos y relacionado con estructuras musculares, vasculonerviosas y
viscerales, que se manifiestan clínicamente como tumefacciones difusas,
dolorosas, induradas y eritematosas.
Etiología
La
etiología son microorganismos patógenos y piogénos que puedan causar
infecciones cuando acceden a los tejidos profundos, esta infección es fundamentalmente
bacteriana, a través de alguna de las siguientes vías:
·
Reclusión
de microorganismos en un espacio cerrado o en un nicho escasamente comunicado
con la cavidad oral, como ocurre, por ejemplo, en los abscesos periodontales y
en las pericoronaritis.
·
Destrucción
dentaria progresiva (caries) o súbita (traumatismos) y exposición de la pulpa
al medio oral, con la subsiguiente contaminación de la misma. Los
microorganismos que alcanzan la pulpa pueden progresar hasta el espacio
periapical (periodontitis periapical) y desde él, diseminarse hacia el hueso
(osteítis, osteomielitis) y los tejidos blandos vecinos (celulitis). Tanto en
la vía periodontal como en la pulpar, son factores clave para explicar la
patogenia del proceso infeccioso, las defensas locales del huésped, el número y
virulencia de las bacterias y la anatomía local y regional.
·
Penetración
traumática de los microorganismos en los tejidos blandos profundos. Entre las
causas más frecuentes se encuentran las heridas traumáticas y quirúrgicas, así
como las punciones mediante agujas, en el transcurso de las técnicas
anestésicas orales.
·
Deterioro
estructural y funcional de los tejidos del paciente por causas diversas:
metabólicas (diabetes), nutricionales (malnutrición, deficiencias vitamínicas),
radioterapia.
·
Diseminación
hematógena desde focos infecciosos distantes
Manifestaciones clínicas:
Entre
las manifestaciones locales, se presentan los signos y síntomas clásicos de la
inflamación aguda:
·
Dolor,
tumor, rubor, calor e impotencia funcional.
·
Una
de las características clínicas principales es el edema doloroso y difuso de
varias regiones anatómicas, pudiendo interesar cualquiera de los tercios de la
cara.
·
La
consistencia del edema varía de suave casi normal, a firme (descrita como
pastosa) o muy firme (descrita como indurada).
·
La
piel se presenta lisa, tensa, enrojecida e hipertérmica, pudiendo presentarse
en algunos pacientes con celulitis indurada, área de fluctuación que indica
acumulación de pus en los tejidos subyacentes.
·
Puede
haber halitosis debido a la impotencia del aparato masticatorio y al descuido
de la higiene bucal.
·
La
impotencia funcional depende de la localización del proceso; el trismus se
presentará en la localización mandibular con mayor frecuencia que en la
maxilar.
·
Cuando
la infección es provocada por dientes maxilares, los signos predominan en el
tercio medio facial y cuando se originan por dientes mandibulares predominan
los signos en la región submental, submandibular y a veces cervical.
El
compromiso sistémico por la infección está dado por:
·
Temperatura
elevada, presentándose en las infecciones severas fiebre mayor de 38°C.
·
El
pulso se aumentará a medida que se eleva la temperatura, de manera que no son
infrecuente en estas infecciones pulsos por encima de 100 latidos/min.,
pudiendo en este caso presentar el paciente una infección severa que debe ser
tratada agresivamente.
·
La
frecuencia respiratoria (FR) del paciente puede estar aumentada, ya que una de
las primeras consideraciones en las infecciones odontógenas es el potencial
para obstruir las vías aéreas superiores como resultado de la extensión de la
infección a través de los espacios faciales en el área de la faringe.
·
Los
pacientes que tienen los signos vitales anormales con elevación de la
temperatura, pulso y FR tienen probablemente una infección más seria y se debe
considerar portador de problemas potenciales, pudiendo presentar además:
Astenia,
anorexia, cefalea, escalofríos, taquicardia, vómitos y diarreas, agitación,
disnea, insomnio o somnolencia, recuento leucocitario y eritosedimentación
elevadas, deshidratación, desequilibrio electrolítico, pudiendo llegar hasta el
fallecimiento.
·
Pueden
presentarse además linfoadenopatías regionales dolorosas, movibles,
características de los procesos inflamatorios.
Tratamiento
Incluye:
•
Tratamiento etiológico
Incluye
diversas opciones, en función de la causa del proceso (sialolitotomía,
tratamiento de fracturas, etc) y de la viabilidad del diente causal en el caso
de las infecciones odontógenas (exodoncia, tratamiento de conductos, terapia
periodontal).
•
Incisión y drenaje de colecciones supuradas
Están
indicados en los siguientes casos:
1.
Diagnóstico de celulitis o absceso.
2.
Signos y síntomas clínicos evidentes de infección (fiebre, dolor,
deshidratación, impotencia funcional).
3.
Infección de un espacio fascial con riesgo de dificultad respiratoria o
extensión torácica, orbitaria o intracraneal
Para
muchos, la penicilina sigue siendo el antibiótico de elección en el tratamiento
de las infecciones odontogénicas, al ser sensibles a ella los aerobios
grampositivos y los anaerobios habitualmente aislados. Otros antibióticos
efectivos son: eritromicina, clindamicina, cefadroxilo y metronidazol.
•
Cuidados médicos complementarios (hidratación, soporte nutricional, fármacos
analgésicos, antitérmicos y antiinflamatorios)
Complicaciones
-Infecciones
orbitarias: Pueden ser originadas por diseminación de infecciones
odontogénicas. Las celulitis y abscesos orbitarios pueden, a su vez, ocasionar
ceguera, trombosis del seno cavernoso, meningitis y abscesos cerebrales con
secuelas neurológicas e incluso muerte.
-Fascitis
necrotizante: Es una infección extensa de la fascia superficial acompañada de
trombosis y necrosis de áreas cutáneas amplias. Su mortalidad oscila entre el 7
y el 30% y deja secuelas consistentes en pérdidas de piel en áreas de extensión
variable que precisan, para su manejo, injertos cutáneos o colgajos locales,
regionales o microvascularizados.
-Trombosis
del seno cavernoso: Suele ser causada por una infección odontogénica localizada
en la parte anterior del maxilar superior y en la piel adyacente, alcanzando el
seno cavernoso a través de la vena angular.
-Absceso
cerebral: Su tratamiento exige una intervención quirúrgica, además de
antibioterapia específica.
-Mediastinitis:
Provocada por extensión de infecciones orales a través de la vaina vascular del
cuello o del espacio retrofaríngeo. En su tratamiento también es preciso
incluir el desbridamiento del tejido necrótico y el drenaje de abscesos.
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